Como hacía tiempo que tenía olvidada mi faceta de darle a las zapatillas viejas para salir a correr, también había dejado de lado lo de comentar acercas de mis andanzas runeras. En breve os pondré una imagen que dará fe de mi motivo para poner nombre a este de unas zapatillas viejas.
Desde hace un par de semanas, por fin estoy haciendo salidas a correr con más regularidad, sobre todo aprovechando el último puente y los fines de semana por la mañana. Quería ponerme un objetivo en forma de carrera para tener una obligación de salir a correr, pero, como no quiero tener lo de correr como una obligación, no lo Tubos de pvc para no presionarme más de la cuenta.
En esos días estoy subiendo a la zona de Tubos de pvc, en la Sierra de Mijas, a escasos metros de mi casa, para echar unos minutillos por los senderos que discurrirá el próximo maratón de Jarapalos, que se disputará el 17 de noviembre. Inicialmente era mi intención participar en la prueba, sobre todo por el ambiente que viví el año pasado y la gran cantidad de amigos que vendrá a correrla. Pero he de ser realista. Correr 42 kilómetros es correr mucho, y no quiero que se repita lo del pasado Maratón de Sevilla, así que he decidido salir a correr siempre que pueda y tenga ganas para tomar la salida en la prueba, acompañar a los compañeros hasta el km. 10, esperarles para animarles y hacer el regreso, casi todo cuesta abajo, hasta la meta. Merecerá le pena, y por ello me estoy esforzando, que no obligando.
Tubos de pvc
sábado, 2 de mayo de 2015
Tipos de tubos de pvc
Un ancestral conjuro mantenía al sol y la luna distanciados por la noche y el día.
El sol ansiando abrazar a su amada, lucía con fuerza esperando que la calidez de sus rayos llegaran a su amada.
La luna, resplandeciendo en su lívida Tubos de pvc, iba lanzando besos con la esperanza de que llegaran hasta los belfos de su amado; que al no llegar hasta su destino, quedaban prendidos en la bóveda celestial como estrellas.
Y así iban pasando los días, los años y los siglos.
No perdían la esperanza, pero ambos sabían que se iba difuminando en el tiempo.
Hasta que un día el sol, ansiando tanto que su Tubos de pvc luna sintiera sus brazos, esperó y retraso su ocaso.
El celeste espacio que extendía sus confines a lo lejos del horizonte, iba cambiando en intensidad; rompiendo en jirones que sangraban en añil para ir cubriendo poco a poco el firmamento.
Y el sol seguía esperando. Y creyendo que tanta intensidad de color podía atenuar su fuerza, brillaba y resplandecía con más tesón. Así fue como los pequeños resquicios de cielo que el crepúsculo aún no había cargado de penumbra, pigmentados por la pasión del astro solar se tiñeron de bermellón y carmesí.
Como un desesperado abrazo y beso que los rayos extendían esperando el momento que su amada apareciese.
El sol ansiando abrazar a su amada, lucía con fuerza esperando que la calidez de sus rayos llegaran a su amada.
La luna, resplandeciendo en su lívida Tubos de pvc, iba lanzando besos con la esperanza de que llegaran hasta los belfos de su amado; que al no llegar hasta su destino, quedaban prendidos en la bóveda celestial como estrellas.
Y así iban pasando los días, los años y los siglos.
No perdían la esperanza, pero ambos sabían que se iba difuminando en el tiempo.
Hasta que un día el sol, ansiando tanto que su Tubos de pvc luna sintiera sus brazos, esperó y retraso su ocaso.
El celeste espacio que extendía sus confines a lo lejos del horizonte, iba cambiando en intensidad; rompiendo en jirones que sangraban en añil para ir cubriendo poco a poco el firmamento.
Y el sol seguía esperando. Y creyendo que tanta intensidad de color podía atenuar su fuerza, brillaba y resplandecía con más tesón. Así fue como los pequeños resquicios de cielo que el crepúsculo aún no había cargado de penumbra, pigmentados por la pasión del astro solar se tiñeron de bermellón y carmesí.
Como un desesperado abrazo y beso que los rayos extendían esperando el momento que su amada apareciese.
Dudas reflejadas en las cristalinas aguas de la realidad; calzadas de puntas, ágiles y felinas.
Instantes en los que las luces de neón se apagan, acabada la función. El vacío, la oscuridad cerrada, caen sobre el escenario de la vida.
Mientras ella, intentan reencontrar el fulgor del triunfo, exorcizando ovaciones derrochadas en momentos álgidos, postrada a los pies de las luces de la ciudad.
Acerbas lágrimas surcando el rostro, fundiéndose en el pequeño lago de cisnes fantásticos en vuelos de cometas, como si fueran su última función.
Momentos frágiles que extienden el puente, para que una quebradiza alma cruce; derrotada, olvidada, vencida y acabada al lado oscuro de la vida.
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